martes, mayo 09, 2006

Días de Primavera.


Está claro que eran otros tiempos. Yo vivía en el pueblo y a mi madre no le preocupaba demasiado dónde me podría meter. Ella sabía perfectamente que es lo que podría hacer un chaval de 12 años en su pueblo natal en el mes de mayo.

En mi pueblo todos los días son radiantes. Me levantaba temprano y me preparaba una mochila con un poco de pan, queso y aceite. El agua ya la cogería del río que es mucho más fresca. Salía a la calle en busca de los otros con el frescor de la mañana y el olor del pan recién hecho del horno de Kiko. Si tenía alguna moneda me compraba una torta de aceite y si Kiko tenía un buen día me la regalaba. Solo se oían mis pasos en los adoquines grises acompañados por los silbidos de los vencejos, que en la plaza dónde yo vivía eran muchos y muy chillones. Me solía cruzar con Juan el lechero que empezaba su reparto y si la ruta le coincidía me subía a su motocarro y me acercaba a casa de Paquito.

Paquito era un ratón de biblioteca pero fuerte como una mula. Aunque jamás le hubiese puesto la mano encima a nadie era nuestro seguro contra los chicos de la banda de Kiki. Y sin embargo siempre iba con un libro debajo del brazo, incluso cuando salíamos al campo. Su padre curaba jamones y él, aparte de estudiar, estaba aprendiendo el oficio. Parece que se le daba bien calar los jamones, su padre estaba muy orgulloso de el. Y para no estarlo, tenía un hijo que sacaba sobresalientes, apuntaba maneras en el tema de los jamones y era obediente y respetuoso con sus padres, además de muy buena persona. Ahora, con la perspectiva que te ofrece el tiempo, estoy seguro de que Paquito para mi fue una buena influencia.

La siguiente parada sería en casa de Francisco. Era hijo del veterinario del pueblo y había heredado de su padre una pasión patológica por los animales. Su casa era fascinante. Era grande, podía contar con unos 20 balcones distribuidos en tres plantas. Una de estas plantas con todas sus habitaciones era de uso exclusivo de Francisco. En una de las habitaciones habíamos reunido todas nuestras pistas de scalextric y habíamos construido un gran circuito en el que pasábamos las tardes de lluvia. El resto de habitaciones estaban ocupadas principalmente por acuarios. Acuarios de agua dulce, acuarios de agua salada, ranas, terrarios con lagartos y serpientes, jaulas con ratones, hámsteres, cobayas y conejos, jaulas con pájaros exóticos y pájaros cantores. Aprendí mucho sobre animales en casa de Francisco. Sobre animales y también de negocios, ya que criábamos ratoncillos blancos y luego los vendíamos a las tiendas de animales por 25 pesetas cada uno, para un chaval de 12 años no estaba mal sacarse una paga extra de 400 pesetas al mes. De las cosas que nos pasaron en casa de Francisco con los animales podría escribir un libro, ya os contaré.

Después nos dirigíamos los tres a casa de Harry. Lo llamábamos así porque él tenía algo con ese nombre, jugáramos a lo que jugáramos el siempre quería llamarse Harry, su perro se llamaba Harry, aunque sus padres le habían puesto jacky (como todos los perros de aquella época), su pez se llamaba Harry, su rana se llamaba Harry y su bicicleta era la Harrycleta. La verdad es que estaba un poco pirado, era el más temerario de los cuatro y a la vez el más divertido. Siempre que llegábamos a su casa su perro nos esperaba y hasta que no mordía a alguno de los tres no nos dejaba pasar, el perro no quería hacernos daño, solo le gustaba hacer mucho ruido y marcarnos sin apretar con sus colmillos en nuestros tobillos, nosotros hacíamos teatro y corríamos en círculos para que pareciera que nos daba miedo. Eso le gustaba a Harry (al perro) y después nos dejaba entrar en su casa como si fuera la nuestra.

De esta forma partíamos los cuatro desde su casa que estaba a las afueras del pueblo a explorar el campo. El objetivo casi siempre era encontrar un nuevo paraje, un nuevo sitio en el río, un nuevo bicho… y si no encontrábamos nada nuevo pues recurríamos a lo de siempre, a cazar serpientes, ranas, lagartijas y por supuesto, a bañarnos en el río.

Conforme salías al camino de las “quebrás” ya notabas todas las sensaciones de estar en el campo. Los sonidos de nuestras pisadas se amortiguaban y nuestras voces empezaban a sonar más íntimas. Los colores rojos de las amapolas, amarillos de los jaramagos, verdes de los olivos inundaban nuestra vista junto al sol radiante y el azul intenso del cielo. La brisa de la mañana penetraba por entre nuestros cabellos, nos acariciaba el cuello y nos hacía sentir despejados y en plena forma, mucho mejor que con una ducha.



Por el camino íbamos picando de los árboles y arbustos que nos encontrábamos, allozas, albaricoques e incluso nos gustaba chupar el polen de algunas flores. Alguna vez asaltábamos furtivamente alguna huerta para proveernos de algunas hortalizas, no hacíamos destrozos, éramos buenos chicos. Los olores de primavera llenaban nuestros pulmones y solo se enturbiaban cuando nos cruzábamos con algún rebaño de ovejas.

Pero la mejor de las sensaciones, la mejor de todas con diferencia, era la sensación de libertad absoluta que sentíamos al vernos solos frente al campo, sin padres, sin maestros, libres de responsabilidades. Es una sensación que hoy soy consciente de que nunca volveré a sentir. No llevábamos reloj y nos guiábamos por la posición del sol. Más de una vez se nos iba el santo al cielo y aparecíamos a más de quince kilómetros del pueblo, con lo que teníamos que recurrir a buscar transporte rápido en algún cortijo de la zona. Desde allí o nos llevaban al pueblo en Land Rover, que era el vehículo por excelencia en mi pueblo, o llamaban a la policía local para que vinieran a buscarnos. Cuando así sucedía solía venir el tío de Paquito que era policía en el pueblo. A nosotros no nos regañaba, se limitaba a preguntarnos que es lo que habíamos estado haciendo con cierto tonillo de envidia, pero cuando nos dejaba con nuestros padres siempre nos soltaba algún sermoncillo de reprimenda para cumplir con lo que se esperaba de su cargo.



Y así pasábamos los días de primavera en mi pueblo.

Todo esto me ha venido a la memoria, al ver como Nacho, Vicky, Alex, Fernando y Sergio, los hijos de mis vecinos, pasaban una tarde entera de primavera frente a la Play. En su defensa tendré que decir que ellos no tienen ni idea de lo que hoy os he contado. Si lo supieran, si lo probaran solo por un momento, estoy seguro que preferirían el campo a los videojuegos, son buenos chicos. Quizás el problema sea que nadie se lo ha mostrado.

Estoy pensando en organizar una excursión con los chavales antes de que me operen de la rodilla (que será en Junio)

12 comentarios:

rowane dijo...

Mi profesor de guión televisivo te habría puesto un excelente con los ojos cerrados.

Mientras leía esto iba sintiendo muchos momentos de mi vida que ya creia olvidados :).

Muaks!

Jean Bedel dijo...

Me has hecho recordar mi infancía y mis veranos en el pueblo. Como bien dices, esos tiempos no volveran, pero que nos quiten lo bailao. Gran momento nostalgia man. Abrazos.

M- dijo...

Espero que de la rodilla salgas super biennnn

besitos

la bruji dijo...

Cuanto time!!!
Recibí tus fotos, gracias cuore! Son preciosas!
Te echaba de menos ;-)

kisses!

DaliaNegra dijo...

Me has atrapado,soy casi como una mosca en la tela de una araña, pero sin el canguelo que ha de sentir la primera,jaja...
Vamos, que me lo he pasado pipa leyéndote.Y también he recordado cantidad de momentos.Vine aquí desde el blog de Bella y Oscura, y te pondré en favoritos:)
Un saludo.

Grecia dijo...

hola, hace solo algunas semanas que he descubierto tu blog por azares de destino y me he dado el tiempo para leer la mayoría de tus post. He de decir que transmiten una felicidad y emoción por vivir.
Tu familia, tus hijas son muy bonitas.
Espero que tu operación salga muy bien.
un saludo

PaquiLou dijo...

Haberte leído Malasanta me ha echo gritar al destino que cuándo se empieza a hablar por uno mismo, respetamos lo que acontece, pero pedimos misericordiosamente que no les haga el destino la "putada" ( a las generaciones que vienen) de perderse precisamente todo esto que has relatado.
Porque es una forma más de vivir, de apreciar, de sentir....
Cuídate Malasanta, y suerte en tu operación.
Y te beso en la frente porque hoy has sacado mi lado más fraternal...(ea andalúz mío...).

Laia dijo...

Yo eso parecido lo vivía en mis veranos de pueblo... desde luego es un auténtico privilegio que un niño pueda vivir de esa manera, en los tiempos que vivimos... Malasanta, que vaya muy bien la rodilla!!! ánimos!!!

Malasanta dijo...

Rowane: jajaja con los ojos cerrados seguro que lo habría puesto pero ¿y si los habriera? Un beso.

Jean Bedel: Hola man, en el pueblo se han vivido historias que nunca olvidarás, como aquellas relacionadas con cierto pilón..XDD

M-: gracias por tu visita y por tus deseos. Besos.

Bruji: Yo también te echaba de menos a ti. Muchos Kisses

Dalia Negra: Me alegra que te haya gustado y gracias por considerarme favorito :-) es todo un honor. De todas formas hablando sobre la infancia y el pueblo es fácil que te atrape porque todo el mundo a tenido una infancia y ha tenido un pueblo. besos.

Grecia: Gracias por tus palabras y sobre todo por haber dedicado tu tiempo a leerte mis edulcorados posts. Me gusta vivir y me gusta contarlo. Un beso muy fuerte.

Paquilou: Dónde te metes niña??? te puedo leer en algún sitio??? mándame un e-mail y me lo cuentas (malasanta@gmail.com).. muchos besos con sabor a aceite de oliva.

Laia: Hola amiga mia. La verdad es que eres lo que se dice fiel. No te pierdes ni un solo post. Te lo agradezco infinito. Me gusta mucho que me leas. Un beso fuerte y te mantendré informada de lo de la rodilla.

LaIsla dijo...

Que bonito relato ! Me recordaba mi infancia en mi isla, esa libertad de la que hablas, esos juegos...
Un beso!

aNa dijo...

Ohhhhh!!! se me tragó el comment???? cachislamar!!! En resumen... que me encanta leerte!! :P

un dia más me quedaré sentado dijo...

buscar bichas de agua por "Consolación"... ole!
Los laberintos para ratones hechos a base de cintas de cassettes y cristales de acuario...
y yo él pequeño ahí de vez en cuando y sin sentirme pequeño, gracias.