viernes, septiembre 25, 2009

Fiesta de Guardar (I)

En mi casa no se podía dormir hasta muy tarde si era domingo o fiesta de guardar, teníamos en frente la iglesia de Santa Maria y los repiques de campanas cumplían su función eficazmente. Esos días los esperaba con ansiedad, eran días especiales en los que se vivían cosas especiales. Me levantaba de un brinco y me disponía a asomarme al balcón, no sin antes observar por mi ventana los avances de los poyuelos en algún nido que siempre tenía localizado en los tejados vecinos. Salía en pijama a tomar la primera bocanada de aire inundado con el aroma de los juncos. Juncos que tapizaban todas las calles del pueblo como una alfombra fresca y pura digna de servir de paso para el Cuerpo de Cristo.

Tradicionalmente, al igual que en el Domingo de Ramos, el día del Corpus estrenábamos ropa y calzado. Esto representaba un inconveniente ya que normalmente los zapatos nuevos nos harían daño y con la ropa nueva no podríamos llevar a cabo nuestros planes, que consistían básicamente en conseguir amontonar el mayor número de juncos posible a modo de colchoneta gigante y tirarnos desde algún balcón en caída libre. Si, lo se, puede sonar muy peligroso, pero eso no es nada en comparación con las cosas que pueden hacer unos chiquillos sueltos por el pueblo. Ya os contaré con detalle alguna de nuestras andanzas.

Los cohetes del Butaco explotaban justo encima de nuestra casa, así que había que darse prisa para desayunar, vestirse rápido y salir a la calle para incorporarse a la fiesta. Al Butaco lo llamábamos así porque cuando tiraba los cohetes andaba por todo el pueblo balanceando el tronco de su cuerpo con cada paso que daba, como si estuviera sentado en una butaca, o, como se dice en castilla, una mecedora. Era uno de los muchos “tontos” que había en mi pueblo.

Normalmente ese día teníamos en el pueblo más de un tío y muchos primos que venían de Madrid, lo que hacía, si cabe, más redondo el día. Lo primero que había que hacer era salir corriendo a buscar a mis primos e ir a misa a la misma hora que mi abuela. A ella le gustaba que nos acercáramos a su banco, que siempre estaba en primera fila, para presumir de nietos delante de sus amigas. Yo siempre lucía unas apetecibles mejillas por lo que normalmente me caían unos cuantos besos apretados de mi abuela y otros tantos pellizcos de sus amigas. He de decir que a mi me gustaba pasar por ese trance, me hacía sentir bien.

Aguantaba toda la misa leyendo y releyendo las citas del retablo… “Tv est petrvm et svper hanc petram aedificabo eclesiam meam” rezaba bajo la imagen de San Pedro, (que conste que lo he escrito del tirón tal como se me ha venido a la cabeza así que es posible que haya alguna falta). Don León, el párroco, no me quitaba ojo mientras daba la misa, se interesaba por mi conducta no solo por mi condición de feligrés sino además por mi condición de vecino que le obligaba de alguna manera a dar el parte de mi comportamiento a mi madre y a mi abuela. Lo tenía frito con los balones que se me colaban en su patio y, a pesar de ser un cura chapado a la antigua y tener un carácter duro, los recuerdos que tengo suyos son entrañables.

La salida de misa era espectacular, todo el mundo se saludaba y se formaban corros de gente conversando, todos vestido de punta en blanco, todos con la conciencia tranquila por haber cumplido con el único compromiso ineludible ese día y con el ánimo despierto para continuar con los festejos.

A partir de ese momento comenzaba mi libertad. Si Don León había dado un parte favorable, que era lo normal, mi abuela me daba la propina, que ese día solía tener alguna moneda añadida. Después tocaba ir a ver a mis tíos, los que no tenían hijos, para ver si se estiraban y se rascaban el bolsillo. Solían ser muy generosos por lo que, después de la colecta, me juntaba con una cantidad importante de dinero que fulminaría ese mismo día.

Con el frescor de los juncos, un sol radiante, un aire cristalino y la banda sonora de los vencejos, me dirigía a la plaza del pueblo. Que bien me sentía, repleto de juventud, sin preocupaciones, con la inocencia intacta y sin deber nada a nadie. De vez en cuando no podía resistirme y me tiraba sobre algún montón de juncos que hacían otros niños.

Había dos kioscos de chucherías en la plaza alrededor de la marquesina de los músicos. Cuando yo llegaba solían estar preparando todo y afinando los instrumentos, siempre me fascinaba ver como niños de mi edad se integraban perfectamente en la banda con los adultos. Mas tarde entendería que la música, en realidad, es cosa de niños.

Yo hacía mi pedido en el kiosco mientras escuchaba los ensayos previos, la música en vivo siempre ha conseguido ponerme la carne de gallina. El pedido consistía básicamente en “un dehto, un dehto, un dehto y un dehto” (léase con acento jienense y aspírese la “h”) me compraba todo tipo de guarrerías, regaliz, gominotas, pica-pica, peta-zetas, nubes… después de danzar por todo el pueblo dando cuenta del botín llegaba a casa de mi abuela para comer sin hambre. Mi madre se imaginaba todo lo que me había metido para el cuerpo así que no insistía y ese día me perdonaba la comida….

(Me voy a dormir, es tarde, mañana continuaré)

8 comentarios:

aNa dijo...

Como todos tus relatos, lo he leido embelesada... Admiro tu capacidad para volcar tus recuerdos de la infancia con tanta poesía...

Espero 'en candeletas' la segunda parte...

Besos!

aNa dijo...

Suerte que tengo la costumbre de esperar sentada porque de lo contrario...

Ya dicen que lo bueno se hace esperar... ;)

Un beso!

Mayra dijo...

hola Malasanta, que gusto que estes de regreso, apenas me he dado cuenta, y me siento muy feliz!, me encanta cuando escribes de tus niñas, por favor siguelo haciendo, aunque tengo entendido por lo que escribes que ahora tambien tienes un varoncito...felicidades!!!
Te seguiré leyendo desde Chihuahua Mexico...

Malasanta dijo...

Muchas gracias a ti Mayra, me alegro de que hayas pasado por aquí y te aseguro que seguiré escribiendo de mis niñas.

Ana, también me alegra que comentes mis historias y que metas presión, aún a sabiendas de que la granja me tiene muy ocupado :-pppppp

Juliet dijo...

Malasanta! Hacía mucho tiempo que había desconectado del mundo blog y hoy, no sé ni cómo, te he reencontrado y tus textos me han hecho volver a engancharme como el primer día.

Me encanta cómo escribes.

Aquí estoy de vuelta, gracias a ti.

aNa dijo...

Mira, Malasanta, tú y yo, al final, vamos a tener un problema. Se me está ensanchando el culo de tantas y tantas horas sentada esperando la segunda parte.

No contento con eso, me anuncias (por la vía alternativa) que vas a escribi acerca de lo que viviste el pasado fin de semana, y claro yo me niego a levantarme de la silla, sabiendo que en cualquier momento se producirá el esperado reencuentro...

Y aquí me tienes, esperando, esperando, esperando...y de paso aprovecho para ir presionando.. (eso te pasa por decirme que te gusta)... ;)


Venga!!!, a ver si escribes... que de limpiarte el acuario y regarte las plantitas ya me encargo yo mientras espero....

Muaksssssss!!!!!

Malasanta dijo...

Gracias Ana, Juliet y Mayra, pensé que después de tanto tiempo nadie se acordaría de mi. :-)

Un beso.

Pedro Garcia Millan dijo...

ALERTA!

La estafa automotriz mas grande en el territorio Mexicano…

Para MAS informacion pinche:

http://pedromillan.blogspot.com/2009/10/wwwexpoautoscommx.html

Gracias