Cuando llegué a casa el viernes, más pronto de lo habitual, Diana había preparado una fiesta de palomitas con las niñas. Se daba la circunstancia de que el sábado tendría que viajar a Oporto muy temprano y no volvería hasta el domingo de madrugada, es decir, no podría disfrutar de la tregua del fin de semana para estar con ellas.
Una fiesta de palomitas consiste básicamente en que dejamos que las niñas se acuesten mas tarde, preparamos unos cuencos con palomitas de maíz caseras y nos ponemos una película de dibujos animados. Para ellas es algo muy especial, nos sentamos todos en el mismo sofá y entre caricias y besos acaban las dos dormidas acomodadas en nuestros regazos.
El caso es que, estando yo disfrutando de mis niñas, las palomitas y la película, Diana me ofreció tomar algo “fresquito”, a lo que accedí encantado. Rápidamente Diana trajo de la cocina una bandeja que portaba un benjamín de cava y dos copas. La miré sorprendido y le pregunté que a que venía esto, me dijo que no era por nada especial, que simplemente le apetecía. Brindamos y me pidió que le acercara una servilleta que había en la bandeja. Al levantar la servilleta quedó al descubierto un “predictor” con un par de líneas de color rosa… que queréis que os diga… voy a ser requetepapá.
Por lo menos en mi caso, siempre sucede algo que me da el empujón definitivo. No os podéis ni imaginar lo feliz que me siento.
Una fiesta de palomitas consiste básicamente en que dejamos que las niñas se acuesten mas tarde, preparamos unos cuencos con palomitas de maíz caseras y nos ponemos una película de dibujos animados. Para ellas es algo muy especial, nos sentamos todos en el mismo sofá y entre caricias y besos acaban las dos dormidas acomodadas en nuestros regazos.
El caso es que, estando yo disfrutando de mis niñas, las palomitas y la película, Diana me ofreció tomar algo “fresquito”, a lo que accedí encantado. Rápidamente Diana trajo de la cocina una bandeja que portaba un benjamín de cava y dos copas. La miré sorprendido y le pregunté que a que venía esto, me dijo que no era por nada especial, que simplemente le apetecía. Brindamos y me pidió que le acercara una servilleta que había en la bandeja. Al levantar la servilleta quedó al descubierto un “predictor” con un par de líneas de color rosa… que queréis que os diga… voy a ser requetepapá.
Por lo menos en mi caso, siempre sucede algo que me da el empujón definitivo. No os podéis ni imaginar lo feliz que me siento.


